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martes, 15 de junio de 2010

Beatus ille

(Eva Paris - Papel en blanco)

Beatus ille es una expresión latina que se traduce como “bendito aquel”, “afortunado aquel”, que hace referencia a la alabanza de la vida sencilla y desprendida del campo frente a la vida ajetreada de la ciudad. El tópico toma el nombre de unos versos de Horacio en los que aparecía así formulado.

El tema Beatus ille es una de las aspiraciones del hombre del Renacimiento, que, junto a otras como el Carpe diem (‘atrapa el día’), el Locus amoenus (la idealización de la realidad, para hacerla amena) o el Tempus fugit (tiempo que corre) se convirtieron en tópicos literarios.

Horacio, en sus ‘Epodos’ (2, 1) escribió estos versos que dan nombre al tópico:

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni fenore,
neque excitatur classico meles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.


Que se pueden traducir como:

Dichoso aquél que lejos de los negocios, como la antigua raza de los hombres, dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con los bueyes, libre de toda deuda, y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, ni tiene miedo a los ataques del mar, que evita el foro y los soberbios palacios de los ciudadanos poderosos.

Los ‘Épodos’ son 17 obras de juventud, escritas entre los años 41 y 30 a. C., en los que Horacio imita, con temas romanos, los metros y el espíritu del griego Archiloco. Son poemas cortos escritos en dísticos yámbicos, con temas variados, entre los que destaca las alusiones a personas concretas o los amorosos. El más famoso es el Beatus ille.

Éste fue un tópico amable para los autores del Renacimiento, ya que el enfoque renacentista de la existencia humana descubrió en la poesía de Horacio respuesta a muchos interrogantes.

El pensamiento horaciano partía de la exhortación al goce del presente (Carpe diem), pero ese goce de los placeres debía ajustarse a un principio de moderación natural y de conformidad con lo que se posee. El lugar idóneo para poner en práctica ese ideal de vida es en contacto con la naturaleza, en la paz del campo a donde no llegan los ecos del mundanal ruido.

Los renacentistas alababan la moderación y la sencilla y tranquila vida en el campo, más segura y menos caótica que la de las ciudades. Y escribían sobre una vida muy idealizada y celebrada del campo con mucho énfasis en la naturaleza perfecta y tranquila (el Locus amoenus) y a menudo mezclada con el tema mitológico.

El tema Beatus Ille se puede ver en todos los géneros renacentistas, aunque sin duda es la poesía el medio más expresivo y recordado para ello.



Fray Luis de León se inspiró en los versos de Horacio para escribir su ‘Oda a la vida retirada’, un hermoso poema compuesto por 17 liras en el que el Beatus ille se impregna de religiosidad propia del Segundo Renacimiento o Renacimiento Cristiano:

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con voz, su nombre, pregonera
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado?

¡Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
Roto casi el navío
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar suave no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
quien al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanza de recelo (...)
En estos magistrales versos Fray Luis expresa el tópico del beatus ille junto a otros motivos propios de su obra y del Renacimiento, como el Vanitas Vanitatum, el Aureas mediocritas o el Locus amoenus.

lunes, 24 de agosto de 2009

Luis García Montero: "Escribo poesía porque me horrorizan los dogmas"

Luis García Montero: "Escribo poesía porque me horrorizan los dogmas" (María S. Nieto - lavozdigital.es)

–¿Por qué Rota, Luis?

–Me gusta poco la playa y cuando mi mujer quiso buscar un sitio de veraneo le dije que a parte de playa, me convenía tener un buen amigo cerca con el que tomar copas. Vengo aquí porque es el pueblo de Benítez-Reyes. Él me arrastró a mí y detrás nuestra han ido viniendo otros amigos como Benjamín Prado, Ángeles Aguilera, Sabina...

–Para las tardes de verano, ¿Una buena novela o una caña con los amigos?

–Elegiría una buena novela, porque con los amigos siempre podría quedar para tomar una copa por la noche.

–¿Para quién escribe poesía?

–Escribo poesía pensando en un lector ideal. Escribir es inventarse lectores. El lector que yo pretendo crear es alguien que pide tiempo necesario para huir de los dogmas. Escribo poesía porque me horrorizan los dogmas.

–¿Su poesía no tiene prejuicios?

–Trabajar es quitar prejuicios. Todos tenemos prejuicios. Por eso se empieza a escribir con una papelera al lado. Y vamos tirando papeles sucios...

–Decía Juan José Téllez que siempre que escribe poesía se ahorra tiempo en psiquiatras...

–Ríe–. No siempre. Creo que la psiquiatría es el único negocio donde el cliente no tiene la razón. La poesía no sustituye a la psiquiatría porque es un esfuerzo por hacernos dueños de nuestras propias razones.

–¿Cuál es el mejor libro que ha leído?

–Como me resulta tan difícil elegir desde un punto de vista literario, voy a elegir desde un punto de vista humano. Una novela de Almudena Grandes: Atlas de Geografía Humana.

–¿Y el peor?

–El 80% de las mañanas pienso que los peores libros son los que escribo yo.

–Usted dijo que Almudena era su «amor secreto».

–Sí, es muy conocida mi relación con Almudena, mi amor por Almudena... Y, sin embargo, lo que hay entre nosotros va más allá de lo que conoce la gente o lo que hay en la literatura. Pesan más en mí los secretos que tenemos que lo que se sabe de nosotros.

–¿Qué echa de menos del amigo Ángel González?

–Mucho. Ángel sabía escuchar, sabía mirar. Era capaz de comprender y dar buenos consejos. Echo de menos su presencia diaria.

–¿Algún vicio mundano?

–He dejado de fumar y bebo mucho menos. Mi vicio más preocupante son los años.

miércoles, 24 de junio de 2009

Luis Mateo Díez ("Días del desván"): "La iluminación de lo que escribo reside en la conquista de lo ajeno"

Luis Mateo Díez ("Días del desván"): "La iluminación de lo que escribo reside en la conquista de lo ajeno" (Guillermo Balbona - eldiariomontanes.es)

Luis Mateo Díez, que tras el verano publicará su ambiciosa fábula moral 'El animal piadoso', abre hoy el foro 'Lecciones y maestros' con una reflexión sobre su escritura, titulada 'Un callejón lleno de gente desconocida'.

«Fabulador que cuenta la vida, contador de historias». La narración es el rostro y el espejo de su mirada humana; la fábula, su territorio natural; y la imaginación y la memoria las herramientas cómplices donde este autor prolífico ha cimentado una de las incursiones en el imaginario de la fabulación, los cuentos, la tradición, los espacios de reflexión y lo narrativo más sólidas de la literatura española contemporánea.

La escritura de Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) autor de 'Días del desván', es la protagonista inaugural de la tríada de narradores que configuran, en su tercera edición, las jornadas 'Lecciones y maestros' que, desde hoy y hasta el próximo miércoles, se celebran en Santillana del Mar.

En su profusa y celebrada obra, desde que con 'La fuente de la edad' (1986) obtuviera hace casi 25 años el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica, se hallan fábulas sobre la infancia, ecos de la tradición oral, rastros de la sabiduría de gentes y cosas, lo legendario y lo primigenio, la materia narrativa en estado puro, y las ficciones arquetípicas con diferentes significaciones que han sustentado la arquitectura de este hacedor de un cosmos llamado Celama.

Sobre su participación en el foro de la literatura iberoamericana de la Fundación Santillana y la UIMP, Mateo Díez es consciente que representa un momento de responsabilidad. «El escritor en general y en mi caso desde luego, vive siempre en su soledad y estos requerimientos son como instantes de responsabilidad y una buena oportunidad para el enriquecimiento, para ser testigo uno de su propia creación y para el intercambio en lo vivo».

A su juicio, la tribuna de Santillana supone «un lugar de encuentro que da pie a que los escritores podamos reflexionar sobre nuestra poética y nuestra identidad de narradores a partir del contraste de opiniones y de perfiles diferentes».

La fábula vertebra buena parte del universo literario de Luis Mateo Díez «por sugestiva, por ser un espacio lleno de sugerencias que me permite contar la vida». Para el autor de 'El diablo meridiano', «la iluminación de lo que escribo está en la conquista de lo ajeno. En lo que escribo hay muchas cosas mías pero en realidad no soy yo». El narrador leonés que confiesa rehuir lo autobiográfico, expresa toda una declaración de principios: «al narrar me lo gano todo fuera de casa». El escritor, asiduo a las tribunas culturales y académicas de Cantabria, e integrante del jurado del premio de novela del Gobierno regional, subraya que la tradición de la fábula se sitúa «en la reivindicación, la metáfora y el simbolismo con el que se forja como un contador de historias».

El autor, que clausuró recientemente con 'Los frutos de la niebla' (Alfaguara, 2008) la serie narrativa 'Las fábulas del sentimiento', compuesta por doce novelas cortas, confiesa que tras la ceremonia de su escritura hay «una carrera de lejanía». Luis Mateo Díez está convencido de que su narración está habitada por «huidas, por una lejanía donde está lo extraño, lo ajeno, y en intentar descubrir esa extrañeza» reside el material más valioso que alimenta sus narraciones. Por ello, en su intervención en la Torre Don Borja profundizará en estas sensaciones bajo el significativo epígrafe de 'Un callejón lleno de gente desconocida'.

- «Lectores cómplices».

Antes, su paisano, el novelista y académico José María Merino trazará un itinerario por la ficción de Mateo Díez y, posteriormente, el crítico y profesor de Literatura Española Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona, Fernando Valls, moderará la primera mesa redonda de este foro.

Aunque es consciente de que se enfrenta en esta cita a «intérpretes privilegiados» de su obra, Luis Mateo Díez asegura que posee la experiencia de «tener muchos lectores cómplices, lectores que dan la cara y me transmiten el resultado de sus lecturas, cómo les ha afectado ese encuentro en lo narrativo». En cualquier caso, y sobre ello también aprovechará para reflexionar en este foro, el autor no se siente «más aceptado» cuando se convierte en oyente de quienes hablan de su obra. «En realidad no eres tú, pero sí hay una imagen de ti que se ha creado y ese es un personaje, una dimensión de personaje». Desde 'Las estaciones provinciales' a 'La gloria de los niños' Mateo Díez ha elaborado una escritura de prosa reconocible que persigue indagar en el sentido de la vida. Para el narrador, eso que llamamos estilo tiene en su caso una clara determinación: «uno quiere contar algo y sólo hay una manera de hacerlo en el límite de la expresividad y la complejidad».

El autor de 'Fantasmas del invierno' - «antes era más barroco»- sostiene que «el esfuerzo es el de la naturalidad, lo cual no es equivalente a ser sencillo, sino a responder a la necesidad de contar algo. La naturalidad no tiene nada que ver con la sencillez». En su opinión, el límite estaría «en la sugerencia y en la materialización de los personajes». El académico para consolidar un mundo narrativo apela a la «mirada», se define como «gran observador», se siente «deudor del gran imaginario universal» y subraya que «la mirada del escritor es narrativa, contadora».
Infancia, memoria, imaginación...«Te vas dando cuenta de que hay elementos en la mirada que detallan la condición humana. Pero el factor crucial es la fragilidad de mis seres de ficción, el extravío, la extrañeza y, de nuevo, esa lejanía de la que reflexionaré en Santillana».

El escritor leonés, quien se confiesa «autor de autoestima baja, un cazador de piezas que no son mías, de las que no me siento propietario, lo cual me permite aumentar más esa sensación de lejanía», asegura que nunca sacrificaría su forma de vivir la escritura por ser protagonista de fenómenos como el de Stieg Larsson y su Millennium, «aunque me encanta y me fascina».

El autor de 'El paraíso de los mortales' y 'El reino de Celama' dice haberse «resignado a ser un escritor con un mundo amplio, con muchos reclamos para contar». No obstante, tras esa creación prolífica revela su convencimiento de que «existe un tiempo de la escritura», por lo que apuesta por «congelar» sus historias antes de que llegue su proyección definitiva. Tras el verano, el reloj de su ficción marcará una nueva hora: Publica su novela 'El animal piadoso', «una fábula moral y una de las más ambiciosas que he escrito».

Entre «la patria de lo invisible» y el «sustrato de la experiencia», la escritura se enfrenta al «futuro imposible, el presente inasible y el pasado desconocido».
El autor de 'La ruina del cielo', que el pasado verano protagonizó en La Magdalena el ciclo 'El autor y su obra', asegura que «de todas las potencias del alma la memoria es la más narrativa», mientras que «la imaginación proporciona el poder sustancial».

martes, 23 de junio de 2009

Entre dos sombras (Dani R. Moya)

Entre dos sombras (Dani R. Moya - laopiniondegranada.es)

En mayo o junio de 1999, el poeta Javier Egea me regaló un poema que acababa de terminar. Él no me lo dijo, pero Tato Rébora, dueño del bar La Tertulia, me explicó que era el primero que escribía, o al menos que hacía público, en mucho tiempo. Yo le había pedido unas semanas antes a Javier Egea que ofreciera un recital, algo a lo que accedió amablemente. Aquel día leyó algunos de sus poemas más conocidos y celebrados, del libro ´Paseo de los Tristes´. También repasó algunos de sus ´Sonetos del Diente de Oro´, y para terminar, lo hizo con aquel poema que luego me regaló.

"Me desperté de nuevo / entre dos sombras. / No quedaban palabras / en mi memoria". Con esa seguidilla Javier Egea comenzaba un poema conmovedor, inquietante y de algún modo profético de lo que ocurriría después de que a las pocas semanas de leerlo decidiera darse un tiro en la cabeza.

El mes que viene se cumplirán 10 años del fatídico momento en el que Javier Egea no quiso seguir viviendo y por desgracia su poesía, a pesar de ser excepcional, lleva camino de ser una leyenda urbana y permanece oculta en oscuras sombras.

Su heredera resultó ser la compañera sentimental de aquel momento y su albacea un personaje del que poco se sabe. La historia de lo que ha ocurrido con la obra de Javier Egea desde entonces se puede seguir por los titulares de los periódicos, más que en la sección cultural, en la de sucesos, pues a la aparición de parte de sus libros en un chamarilero siguieron capítulos casi dignos de una mala novela policiaca.

Aunque se habló en algún momento de que alguna gran editorial publicaría una antología o la obra completa de Egea, han ido pasando los años y lo único que se ha sabido de la poesía de Javier Egea ha sido alguna edición absolutamente marginal y distorsionada, como la que ayer mismo se presentó, a cargo de los nuevos valedores del poeta, que con sus sorprendentes investigaciones lo utilizan más bien como un arma contra su compañeros de generación.

La difusión de los poemas de Egea tiene que pasar por el certificado de calidad de su albacea, que al parecer es muy exigente, pues desde la Asociación del Diente de Oro, que se creó en memoria de Egea, me cuentan que ni siquiera ellos tienen permiso para nada relacionado con los poemas, por lo que tendrán que cambiar los objetivos de sus estatutos.

Demasiadas sombras perturban hoy la obra de Javier Egea e impiden que vea la luz de la manera que merecería.

Desoladora y cierta parece ahora la última estrofa de aquel último poema de Javier Egea: "Ellas, que me robaron / la luz de un sueño / ya no piden rescate / por mi secuestro".

jueves, 18 de junio de 2009

José Manuel Caballero Bonald ("La noche no tiene paredes"): "Afortunadamente sigo siendo un desobediente"

José Manuel Caballero Bonald ("La noche no tiene paredes"): "Afortunadamente sigo siendo un desobediente" (Virginia Montero - lavozdigital.es)

El jerezano asegura que «la poesía es para mí una cuestión más lingüística que temática, cosa que cada vez me importa menos. Lo que enaltece o arruina un poema es el lenguaje».

Semejante a la noche, vengo/ del negro y voy al blanco y busco/ dispensarme de mí con ese blanco y nunca/llego a ser lo que yo más deseo:/ esa palabra suficiente que precede a la última. Estos versos pertenecen al poema Vengo de una palabra, de La noche no tiene paredes. José Manuel Caballero Bonald presenta hoy en su Jerez natal este penúltimo poemario -habrá más, seguro- que recoge casi un centenar de composiciones que dicen mucho más de lo que parece.

-Hoy presenta en Jerez (20.30 horas, en la Fundación Caballero Bonald) su último libro La noche no tiene paredes ¿a qué actitud suya responden estos poemas?

- No sé, supongo que a una especie de incentivo para interpretar todo lo que me conmueve y también para enfrentarme a todo lo que rechazo. Nunca me olvido de una aseveración de Pavese: 'La literatura es una forma de defensa contra las ofensas de la vida'. Pues eso, por ahí me muevo...

-El amor, el paso del tiempo, la complicidad de la noche, la realidad y la ficción siguen presentes en sus poemas. ¿Se sigue preguntando las mismas cosas que cuando tenía 30 años? ¿Cuáles de esas preguntas sí ha logrado responderse en su vida?

-La poesía es también una contestación a una serie de preguntas. Este libro, todos mis libros, están llenos de preguntas. A algunas las contesto pero otras no tienen contestación.

-¿Hay una poesía para cada edad o la poesía no tiene edad?

-Digamos que a veces la poesía no tiene la edad que aparenta. Me enorgullece que algunos críticos digan algo así a propósito de mis últimos libros. Yo también creo que la poesía tiene algo de paliativo y que además te rejuvenece de algún modo. Al menos, la que yo hago.

-Manual de infractores sorprendió por su frescura y su rebeldía, según se dijo tras su publicación. La noche no tiene paredes sigue en la misma línea. ¿Le extrañó que se produjera esa sorpresa o el primer sorprendido fue usted?

-No, no me sorprendí en absoluto. Tengo la sensación de que un ramal de mis rebeldías, de mis luchas particulares por la libertad, reaparece como una constante ética en toda mi obra.

-En literatura, ¿qué le queda por hacer y por conseguir?

-Creo que conseguí lo que me propuse, pero ignoro si todavía me queda algo por hacer. Lo malo es que ya no tengo mucho tiempo, ando ya muy acomodado en el arrabal de senectud. Somos el tiempo que nos queda.

-¿Hay algo que cree que no hará nunca?

-Sí, pactar con los majaderos y los resentidos, con todos esos adeptos al nacionalcatolicismo y la santa tradición como todavía circulan por ahí.

- Lleva un tiempo diciendo que seguirá escribiendo poesía pero no prosa. ¿Sigue pensando lo mismo?

-He perdido el gusto por la narrativa. Sólo la poesía me atrae y me sirve de justificación personal.

- ¿Cómo se enfrenta Caballero Bonald a la escritura de un poema?

-Ese es un asunto muy complejo. Ya he recordado que, para mí, la poesía es más una cuestión lingüística que temática. La temática cada vez me importa menos. Lo que enaltece o arruina un poema es el lenguaje. De modo que en lo yo me ocupo, antes de nada, es en lograr que ese lenguaje me descubra, a mí y al lector, un mundo desconocido.

-¿Cree que la poesía es la hermana pobre de la novela (en ventas, en lectores...)?

-No, no lo creo. Mis dos o tres últimos libros de poesía han tenido casi tantos lectores como mis novelas. Al menos, han tenido tantas ediciones -siete u ocho- como algunas de mis novelas.

-Presenta el libro en la Fundación jerezana que lleva su nombre. ¿Cómo ve el trabajo que se está haciendo en ella? ¿Cómo ha cambiado en los últimos años la vida cultural de Jerez? ¿Qué cree que le hace falta a la ciudad?

-Estoy muy satisfecho con el equipo que trabaja en la Fundación. Están llevando a cabo una tarea muy positiva y fructífera. En cuanto a la vida cultural de Jerez, no sé muy bien qué decirle. Como usted sabe, yo vivo entre Madrid y Sanlúcar y no voy a Jerez con la asiduidad que quisiera. Pero yo creo que la Fundación ha dinamizado el clima cultural local, sobre todo a través de sus congresos y ciclos de conferencias. Aunque también es verdad que el hecho de que Jerez haya dado un narrador como Juan Bonilla justifica una larga espera.

-¿Qué le quita el sueño?

-Nada especial. Mis insomnios son congénitos.

-Ha viajado y vivido en muchos lugares pero le gusta abrir una ventana y ver cerca el Coto de Doñana. Al margen de que Jerez sea su ciudad natal, ¿qué cree que tiene de especial esta tierra?

-Me agrada repetir que el lugar donde se descubre el mundo ya es para siempre el compendio simbólico del mundo. Lo que pasa es que hay que saber trascender ese legado. Los localismos son todos impresentables.

-Tanto en su prosa como en sus versos la pulcritud, la minuciosidad, exactitud y belleza del lenguaje es uno de sus signos de identidad. ¿Cree que hoy, en literatura y en general, se cuida el lenguaje o se maltrata?

-La poesía es un acto de lenguaje, un hecho lingüístico, como ya he dicho, y eso no parece preocupar a una gran mayoría de escritores que se autodenominan poetas.

-Si le dieran a elegir en qué año nacer, ¿qué otra época le hubiera gustado vivir? ¿Por qué?

-Me parece muy bien haber vivido entre el siglo XX y el XXI... Es un ciclo histórico apasionante, qué duda cabe.

-Y si no se hubiera dedicado a la literatura, ¿qué habría sido Caballero Bonald?

-Tal vez me hubiese dedicado a la vida contemplativa.

-La noche no tiene paredes tiene casi un centenar de poemas. ¿Habrá más versos de Caballero Bonald próximamente?

-Es muy posible. Afortunadamente, sigo siendo un desobediente. Y ya se sabe que la gran literatura está hecha por grandes desobedientes.

José Ángel Barrueco - "No hay camino al paraíso"

José Ángel Barrueco - "No hay camino al paraíso" (J. H. - laopiniondezamora.es)

Barrueco se estrena como poeta con un libro que presenta tonos autobiográficos.

El volumen «No hay camino al paraíso» recoge los textos del escritor zamorano y otras escrituras de Javier Das.



Conocíamos al novelista, conocíamos al autor de obras teatrales, conocíamos al columnista (lo es en este periódico). Y, ahora, aparece el poeta. José Angel Barrueco publica «Le aplastaré con mis versos», que es letra hecha carne: porque ha surgido de la vida. Si el zamorano dice que el libro «gira en torno de la familia», así será.

Es testimonial y, quizá, duro con algunos aspectos del pasado. O tal se intuye. A veces, no obstante, hay que mirar hacia atrás, para continuar el camino, después, sin perder de vista el horizonte. El libro acoge 48 poemas, que se agrupan en tres secciones. El tono: Como un desahogo sereno, como una confesión valiente y, al mismo tiempo, un poco triste. Porque habla de soledades, de silencios, de sensaciones.
Son poemas narrativos. No admitían, seguramente, otro género y otra forma. Pero la emoción sobrevuela aquí y allí. Se cuentan cosas (¿sucesos o así?) y se convocan recuerdos. En ocasiones, aparece el apunte dramático. Son poemas que también recrean escenas. Pasados los años, el día de mañana... El tiempo suele ser buen lenitivo. No obstante, entre las libertades está la rebelión. Que puede ejercerse con aparente pasividad. Barrueco escribe: «El silencio, a veces, / es más poderoso que un puñetazo». Al menos, rotundo. Inapelable.

Una cuestión, tras la rápida lectura del poemario, podía ser ésta: ¿Ha sido un libro difícil de escribir? Si se habla, en algún momento, de «días de dolor y desesperanza», ¿esa circunstancia vital ha requerido que el tiempo cauterizador haga su labor? El volumen también debe leerse como crónica y relato, historia y confesión. La vida es camino que se hace al andar y al detenerse. Mirar con seguridad al pasado –los golpes, a la larga, fortalecen– es desmitificar el pasado. Si el zamorano se desnuda emocionalmente en algunos poemas, da prueba de firmeza. Esta lírica también es una poesía de la experiencia.

Nada de su escritura anterior, aún con asuntos autobiográficos, había elegido esta vía, que no resulta fácil. Con anterioridad, Barrueco (1972) optó por la novela («Recuerdos de un cine de barrio», « Monólogo de un canalla» y «Te escribiré una novela»), el teatro («Vengo de matar a un hombre»), el cuento («El hilo de la ficción») y el microrrelato.

El poemario del zamorano aparece con otro de Javier Das («Sin frío en las manos»), y los dos configuran el libro «No hay camino al paraíso», publicado por la editorial madrileña "Ya lo dijo Casimiro Parker". Los dos: Testimoniales. Los dos: se enfrentan a las adversidades con estoicismo y refrenada valentía.



José Angel Barrueco, escritor zamorano

Emilio J. García Wiedemann ("Los Proverbios y cantares de Antonio Machado"): "La derecha no ha cesado en sus intentos de 'recuperar' a Machado"

Emilio J. García Wiedemann ("Los Proverbios y cantares de Antonio Machado"): "La derecha no ha cesado en sus intentos de 'recuperar' a Machado" (J. L. Tapia - ideal.es)

El ensayista acaba de publicar el estudio de la relación del poeta sevillano con la filosofía a través de 'Proverbios y cantares'.


En el setenta aniversario de la muerte de Machado y en el centenario de la aparición de sus primeros 'Proverbios y cantares', aparece un libro que se dedica por entero a su estudio. En su prólogo, Pedro Cerezo Galán señala: «Es este un libro escrito a medias entre la literatura y la filosofía, en esa frontera donde suelen ocurrir los hallazgos más interesantes, y está dedicado a un tema central, que constituyó una preocupación constante del poeta/pensador Antonio Machado, el círculo entre poesía y filosofía, en camino de ida y vuelta, o en autorreflexión permanente». Emilio J. García-Wiedemann es el autor de este estudio sobre el poeta sevillano.

-¿En qué consiste 'Los Proverbios y cantares de Antonio Machado'?

-El libro 'Los Proverbios y cantares de Antonio Machado' es un estudio de ese corpus poético, en el que se abordan cuestiones como la adscripción o no de Machado al Modernismo o al 98, a la vez que se analizan muy pormenorizadamente aspectos relacionados con la unidad de la obra machadiana, junto con el seguimiento de la evolución poética operada en el sevillano.

-¿Qué caracteriza el pensamiento de Antonio Machado?

-Es extraordinariamente actual y vivo. Aunque suene a tópico manido, habría que empezar por aquello tan suyo de «ser, en el buen sentido de la palabra, bueno». Toda una corriente de sintonía cordial con 'el otro', que se plasma poéticamente en la lucha que diariamente libra: «Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas». Lo importante para Machado es incorporar, convertir lo leído en vida y devolverlo a la vida, despersonalizado, a través de una voz distinta.

-¿Hasta qué punto está presente la filosofía en la obra de Machado?

-Aunque Machado sostiene con toda cordialidad, por boca de Juan de Mairena, que «hay hombres que van de la poética a la filosofía, otros van de la filosofía a la poética; lo inevitable es ir de lo uno a lo otro». Parece estar fuera de toda duda que el trato que Machado da a la filosofía no consiste en una mera relación lúdica, como de pasatiempo. Para Machado, la filosofía es la forma más profunda de reflexión sobre cosas o relaciones; lo que exige, según él, privarla de antemano del pedestal de la abstracción y del lenguaje críptico. Por eso es, ante todo, socrático y, como Sócrates, maestro de esa ironía que ya muestra en verso. Machado es un adelantado de un existencialismo con carácter propio y matices perfectamente diferenciados.

-¿Se ha usado con fines políticos el pensamiento de Machado?

-Un autor de la potencia intelectual, humana y poética de Antonio Machado es una tentación para los políticos, sobre todo para aquellos que menos escrúpulos tienen. En este sentido, habida cuenta de que había dejado patente cuál era su concepción del mundo y su consideración política, siempre comprometida con la causa del pueblo, no es extraño el intento de recuperación que de su figura pretendió hacer la derecha española. Recuérdese, por ejemplo, el 'Prólogo' de Dionisio Ridruejo fechado en octubre de 1940 a la quinta edición de 'Poesías Completas', titulado muy gráficamente como 'El poeta rescatado'. Esos intentos de 'recuperación' no han cesado hasta prácticamente la actualidad.

-¿Con qué tópicos acaba o pretende derribar este 'Proverbios y cantares'?

-Parte de la crítica despachó los 'Proverbios y cantares' con el juicio de que se trataba de simples «caprichos de pensador». Usó y abusó del cliché según el cual Machado habría agotado su fuente lírica por culpa de la filosofía. Incluso se llegó a decir que era una determinada «poesía de circunstancias». Este libro deja claro, por un lado, que Machado tenía una intención perfectamente definida a la hora de abordar los 'Proverbios y cantares' como un cuerpo perfectamente orgánico en su obra; que pone en serias dificultades a los amantes de los tópicos, a la hora de definir poesía y filosofía.

-¿Qué le debe García Lorca a Machado?

-Puede decirse que le enseñó la profundidad de la sencillez, amor de lo pequeño, humanidad lisa y libre de tópicos, honda sensibilidad poética y el respeto y amor a las enseñanzas del maestro pueblo.

-¿Algún trabajo más, en cartera, sobre Machado?

-Sí, uno prácticamente acabado sobre la filosofía machadiana en el que se ofrecen cotejos de textos de Antonio Machado con otros de Feurbach, en los que se puede apreciar una sintonía que no se ha puesto de manifiesto hasta la actualidad.



Emilio J. García Wiedemann posa con el libro.

Jacques Dupin, el poeta que dialogaba con Miró

Jacques Dupin, el poeta que dialogaba con Miró (Catalina Serra - elpais.com)

La fundación del artista dedica una exposición a la relación entre el pintor y el escritor Jacques Dupin.

"¿Considera que no gana nada frecuentando a la gente?", le preguntó Georges Raillard a Joan Miró, alérgico a las relaciones sociales, en su famoso libro El color de mis sueños. "Sí, el diálogo con gente que me gusta de verdad, con la que me entiendo y me interesa. Los poetas. Como Jacques Dupin. Jacques es un gran amigo, y un gran poeta. Acabo de grabar un libro para sus poemas", contestó el artista. El libro se exhibe ahora en la exposición Miró-Dupin. Arte y poesía que hasta el 18 de octubre puede verse en la Fundación Miró de Barcelona, entidad que en el marco del 20º aniversario de la muerte del artista ha querido rendir homenaje al poeta francés que, también, escribió en 1961 una de las mejores monografías sobre su obra y es el autor del catálogo razonado de sus pinturas y esculturas.

En un curioso gesto entre huraño y socarrón, Jacques Dupin (Privas, Francia, 1927) lo miraba ayer todo desde una cierta distancia. Lleva un mes de homenaje porque a mediados de mayo ya estuvo en Barcelona en unas jornadas sobre su obra poética que organizaba Arts Santa Mónica y que ahora se ha publicado en forma de libro. Le emocionó, dice, que un conjunto de poetas se hubieran conjurado para traducir algunos de sus poemas al catalán y calificó la exposición de "notable", si bien lamentó que no se hubiera incluido la relación de Miró con otros poetas además de él mismo.

"Queríamos centrarnos en Dupin, es un homenaje, aunque sí hay referencias a otros poetas", se justificaba Rosa Maria Malet, directora de la fundación. La exposición, un estimulante recorrido por algunas de las obras más "poéticas" de Miró, se ha realizado con obras de la propia colección en un montaje renovado y que incluye algunas perlas (como el minimalista Paysage de 1968, un cuadro totalmente blanco con sólo un punto negro) que habitualmente no se exhiben.

La pintura se combina además con una interesante selección de los libros de la biblioteca particular de Miró (que la familia depositó en 2007 en la fundación barcelonesa) y con una selección de dibujos. También se exhiben libros ilustrados con poesías de Dupin y grabados de Miró y de otros artistas como Tàpies, Giacometti, Joan Mitchell o André Masson (con los que trabajó o mantuvo relación Dupin en su trayectoria personal y profesional), así como un curioso montaje con sus poemas, que puntúan toda la muestra y que tiene su cénit en los paneles en los que se han escrito algunos de los títulos de los grabados de Miró (como Les armes du sommeil) que escribía Dupin. "Cuando le conocí, en 1954, yo me encargaba de las ediciones de la galería Maeght y él ya no tenía ganas ni tiempo de poner títulos a todos los grabados que hacía", comentaba Dupin. "Siempre tenía en cuenta la obra y después le consultaba". No eran títulos-poesía como los que ponía el propio Miró a sus obras (Un oiseau pursuit une abeille et la baise), pero mantenían su carácter evocador.




Jacques Dupin ante dos obras de la muestra Miró-Dupin arte y poesía, ayer en la Fundación Miró.

sábado, 23 de mayo de 2009

¿Por qué escribo? Yo no creo en la literatura (Varlam Shalámov)

¿Por qué escribo? Yo no creo en la literatura (Varlam Shalámov - La Vanguardia)

¿Por qué escribo? Yo no creo en la literatura. No creo que la literatura sea capaz de corregir al hombre. La experiencia de la literatura humanista rusa ha traído a las sangrantes ejecuciones del siglo veinte, que yo he visto con mis propios ojos.

Yo no creo que pueda prevenir nada, que sea capaz de evitar las repeticiones. La historia se repite. Y cualquier fusilamiento del año 37 puede repetirse.

Entonces, ¿por qué, no obstante todo esto, escribo?

Escribo para que alguna otra persona, cuando lea mi prosa, que está muy lejos de la mentira, pueda explicar del mismo modo su vida. El hombre debe hacer algo... Aquí no se trata de una responsabilidad común y normal, sino moral. Esta responsabilidad no la tiene el hombre común, pero en el poeta es imprescindible.

(fuente: La Vanguardia, Cultura/s, 20 de mayo de 2009, pág. 5)