Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de enero de 2010

Juan Ramón Jiménez - "Guerra en España". El poeta y la guerra

Juan Ramón Jiménez - "Guerra en España". El poeta y la guerra (Luis Arias Argüelles Meres - lne.es)

Nunca quiso ser hombre de acción. Aislado siempre del mundanal ruido. Su principal empeño fue la poesía. Y, sin embargo, llegado el momento, no tuvo reparo en manifestar su compromiso con la República. Hablamos de Juan Ramón Jiménez, hablamos del poeta que no quiso volver a la España de Franco, por mucho que en su obra no hubiese estridencias ni combates a ras de suelo, aquellas cosas que los censores podían advertir sin demasiado esfuerzo. Hablamos, ciñéndonos a la actualidad, de la reedición de su obra «Guerra en España» que, con respecto a la versión publicada en 1985 al cuidado del poeta Ángel Crespo, presenta cambios que son muy notables. Se trata de 880 páginas frente a las 335 que tenía la anterior, así como de 150 imágenes frente a 27. Esta edición definitiva se debe sobre todo al ingente trabajo de la investigadora Soledad González Ródenas.

Se trata de una recopilación que hizo del poeta de Moguer a lo largo de su vida con respecto a personas, obras y acontecimientos que guardaron relación con la República.

Y, más allá de un análisis pormenorizado del libro, que habrá que hacer en su momento, lo más llamativo es que, ante el afán de unos cuantos por crear confusión con respecto al significado de la Segunda República, esta obra de Juan Ramón resulta tremendamente esclarecedora.

Ante un escritor que ni de lejos incurrió jamás en lo panfletario, ante un poeta que buscaba sobre todo el perfeccionismo, ante un literato que no ambicionó jamás destacar en la vida pública en algo que no tuviese relación con su obra, es difícil argüir en su contra bajo el pretexto de intereses personales o políticos. Ítem más, resulta imposible rebatirlo con argumentos que no sean estéticos.

Nos encontramos, además, con un gran libro en prosa de un poeta. Es muy significativo a este respecto lo que en su momento señaló uno de los principales estudiosos juanramonianos, Ricardo Gullón, cuando, al ocuparse de otro libro en prosa del poeta de Moguer, «Españoles de tres mundos», afirmó que se trataba de «uno de los dos mejores libros de prosa escritos en nuestro siglo y en nuestra lengua. (El otro sería, ¡qué casualidad!, “Juan de Mairena”, de Antonio Machado)».

Así pues, un poeta que escribe en prosa sobre la República, manifestando su compromiso con ella. Para el muy prolífico Andrés Trapiello, se trata de «la gran novela de la Guerra Civil española». Es curioso que se hable de novela cuando, además de no haber ficción, sino retratos de personajes de su tiempo, así como opiniones del poeta, tampoco se encuentra un discurso narrativo propiamente dicho. Acaso por todo eso, tenga su parte de ingenioso lo que apunta este escritor que tanto se prodiga.

En días como éstos, en lo que está tan reciente la infructuosa búsqueda de los restos de Lorca, el libro de Juan Ramón sobre la República viene a ser un refuerzo a la justicia poética que los hechos históricos están pidiendo a gritos.

Es también un libro que da cuenta de los avatares sufridos por el poeta desde el estallido de la guerra. Por ejemplo, parece ser que en abril del 39 la casa madrileña de Juan Ramón fue saqueada, y en el expolio se llevaron libros, manuscritos y cuadros.

Además de esto, se quiso forjar una imagen del poeta desde la España de Franco que Juan Ramón desde el exilio sólo pudo combatir con parte de muchas de las cosas que consignó en este libro.

Otro detalle que habla de la enorme generosidad del franquismo fue el hecho de que la editorial Espasa-Calpe, atendiendo a los requerimientos del régimen surgido tras la gloriosa cruzada, le rescindió el contrato, como hizo, según se cuenta, con los exiliados que no eran muy entusiastas con el nuevo régimen.

Un Juan Ramón desterrado y exiliado que vivió desde la dolorosa partida sus días en republicano, o, si se prefiere decir de otro modo, con lealtad al Estado que se proclamó el 14 de abril del 31.

Libro que da cuenta de lo que fue el exilio no sólo de Juan Ramón, sino de otros muchos intelectuales españoles, cuya mayor o menor coherencia es puesta de relieve por el gran poeta de Moguer.

El poeta y la guerra. El poeta que supo del asesinato de Lorca y de la muerte de Machado, el poeta que, hasta los últimos días de su vida, siguió siendo leal al significado de la Segunda República.

El poeta al que se le concedió el Premio Nobel y que no quiso celebrar tan prestigioso galardón en su país. El poeta que clamaba por el nombre exacto de las cosas, que no permitía que en sus escritos tuvieran cabida ni las estridencias ni los tópicos, comparece en la España de hoy dando una lección de justicia poética con admirable y trabajada prosa.

El poeta y su memoria, desterrada, exiliada, pero lúcida y con continuidad hasta su último suspiro.

Para quienes estén interesados en conocer lo que fue el exilio literario español visto por uno de sus miembros más destacados, este libro es cita obligada con lo mejor de un tiempo y un país en la pluma de uno de sus gigantes literarios.

Poesía y verdad, la madrugada en la que asesinaron a Lorca; aquellos últimos versos de un Machado moribundo en un papel arrugado.

De lejos, desde lejos, desde que el poeta y Zenobia abandonaron su casa el 20 de agosto de 1936, la República viajó, también, con ellos.

El libro del que les hablo cuenta la peripecia seguida por el poeta hasta su muerte.

Juan Ramón y la República. La poesía y la República.

¡Cuántos abismos y naufragios nos separan de todo eso y los contemplan!

domingo, 8 de noviembre de 2009

John Boyne - "La casa del propósito especial". "La URSS trató a la gente peor que los zares" (entrevista)

John Boyne - "La casa del propósito especial". "La URSS trató a la gente peor que los zares" (entrevista) (Xavi Ayén - lavanguardia.es)

"La Rusia zarista no ha sido casi tratada por los escritores contemporáneos".

Lleva camisa a rayas, como un guiño al título que lo catapultó a la estratosfera de los best sellers mundiales. El niño con el pijama de rayas, publicado por primera vez en el 2006, acumula ya cinco millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Pero Boyne es un autor suficientemente ambicioso como para no estancarse en un título y ha decidido ir creciendo como escritor. Tras aquel pijama llegó Motín en la Bounty (2008) y, ahora, La casa del propósito especial, que publican Salamandra en castellano y Empúries en catalán. En esta novela, un anciano visita a su esposa enferma en un hospital londinense y rememora su vida como servidor del último zar de Rusia, Nicolás II, y su familia.

- Su suerte en el mundo editorial cambió a raíz de su encuentro con el mítico editor de Oxford David Fickling, ¿no?

- Había publicado ya tres novelas, yo admiraba a Fickling, el descubridor de autores com Philip Pullman o Mark Haddon, así que le envié el manuscrito de El niño con el pijama de rayas y viajé a Oxford para comentarlo con él. Yo estaba muy nervioso, sudaba... Estuve hablando con él en su despacho durante dos interminables horas, mareando la perdiz... sin que él acabara de pronunciarse, me iba haciendo una pregunta tras otra. Me hizo sentir inseguro, pero al final me confesó que todo aquello era para impresionarme. Yo sabía que si él me lo publicaba es que el libro era muy bueno, porque sentía dentro de mí que aquel libro era o fantástico o terrible, una de las dos opciones... pero no sabía cuál.

- Esta novela es muy diferente a las suyas anteriores, más compleja, como si subiera un peldaño en su exigencia literaria. ¿Es así?

- El pijama cambió mi carrera y mi vida. Pero fue el primer escalón del camino para convertirme en el escritor que quiero ser. Sí, este libro es un progeso en mi carrera, señala la ambición que quiero tener. Quiero ser un novelista más maduro. Aquí he puesto muchísima atención en el lenguaje, en las frases, en los personajes... todo está mucho más cuidado, he escrito ya siete novelas y soy un narrador más experimentado. No es un accidente que el narrador tenga 80 años, quería alguien con toda esa experiencia acumulada.

- ¿Le ha pesado la tradición narrativa rusa?

- Lo primero que pensé es que la época histórica que describo no ha sido casi tratada por los escritores contemporáneos, así que, en realidad, se me aparecía como un campo virgen. He sido, ciertamente, muy influenciado por Tolstói, en especial por Anna Karénina, porque este libro mío es, también, una historia de amor. Quería toda esa nieve, esos carruajes... no me intimidaba la tradición, me estimulaba. ¿Por qué dejar este tema solamente a los escritores del XIX?

- También es la historia de un matrimonio...

- Es una historia de amor a lo largo de 60 años de unidad, ellos siguen ahí, juntos, tras todos esos tiempos difíciles y se quieren y son una roca el uno para el otro. A veces están lejos porque ella no asume el pasado.

- Es también una novela de crecimiento...

- Sí, cada vez el personaje va acumulando más experiencia y, de hecho, cuando habla él de chico en San Petersburgo, la voz de ese narrador es la del escritor que yo he sido hasta ahora; y cuando es el anciano el que narra se escucha al escritor que quiero ser en el futuro. Yo también paso de escritor joven a escritor maduro en esta obra.

- ¿Por qué la caída de los zares?

- Buscaba un momento dramático, épico, dos mundos en tránsito que fueran en paralelo a la conversión de niño a hombre del narrador.

- El clímax de la ejecución de los Romanov se inspira en algo, ¿verdad?

- Cuando era adolescente, en unas vacaciones en casa de mis abuelos, me encontré con la biografía de Nicolás y Alejandra, no sabía nada de historia pero devoré ese volumen como si se tratara de una novela. Y sí, el pasaje de la ejecución me marcó.

- Aparecen el zar, Rasputín y otros personajes reales. ¿Qué porcentaje de ficción ha añadido en sus personalidades?

- He estudiado mucho cómo eran y me he formado mi propia idea a partir de los datos. Creo sinceramente que debían de ser así, no les añado cualidades.

- Pero el zar no era tan buen padre, dicen algunos...

- Hasta donde yo puedo comprender, sí lo era. Los zares se esforzaron por tener una familia unida, eran muy cariñosos, se llevaban a su hijo como acompañante a todos los sitios. Eran buenos padres, en el contexto de su época y del cargo que ostentaban.

- ¿Y qué hay de la princesa Anastasia? ¿Qué le pasó realmente? ¿Cree que consiguió huir?

- Probablemente murió al mismo tiempo que sus padres, es un misterio que nunca se aclarará y las novelas pueden especular libremente.

- ¿Qué hubiera pasado en Rusia de haber mantenido el sistema monárquico?

- Con la revolución, Rusia se convirtió en un país todavía más autocrático, como también lo es ahora y lo ha sido casi siempre, con la excepción del período de Mijaíl Gorbachev. La URSS trató a la gente peor que los zares.

- Usted subraya las relaciones familiares entre las monarquías europeas...

- Fíjese que las tres grandes figuras de la primera guerra mundial eran todos primos: el kaiser Guillermo, el zar y el rey de Inglaterra. Si hubieran solucionado sus disputas familiares de otro modo, no hubiera muerto tantísima gente. Esta novela la ha escrito en Rusia, viviendo en los escenarios de los hechos. Es más apropiado vivir en el lugar de los hechos. Si necesitas describir un palacio y puedes ir a visitarlo, el resultado es mucho mejor. Es un método que repetiré... ahora que me lo puedo permitir.

- Su historia de que lo dejó todo para escribir ¿es cierta o una exageración de algún departamento de marketing?

- ¡Es totalmente cierta! En 24 horas cambié toda mi vida. Me di cuenta de que quería ser escritor a tiempo completo, me fui al pub con los empleados de la librería donde trabajaba, les dejé las llaves y huí a la playa, alquilé una casita y me puse a escribir durante un año, encerrado, sin hablar con nadie.

- "Siendo tan vendido, seguro que escribe de forma sencilla", le deben de decir todavía algunos...

- No hay contradicción entre vender mucho y la calidad literaria. Autores como John Irving o Philip Roth, ejemplos de excelencia narrativa, colocan sus novelas en los números uno cada vez que sacan una novedad. Ahora, en Irlanda, el libro más vendido del 2008 ha sido el último de Colm Tóibín. Cuando escribo sólo pienso en hacer un buen libro, no en vender mucho o en tener buenas críticas. Son cosas que me gustan pero no pienso en ellas.

- Del pijama algunos han dicho que no retrata con suficiente crudeza el holocausto...

- El final sí es muy cruel. No es una descripción gráfica del horror y la violencia no se muestra en cada página. Pero creo que así el efecto es todavía más horroroso.

- ¿Cómo es un día normal en su vida?

- Suena el despertador a las 6,20 h, me siento en el escritorio a las 7.30 h, trabajo en mi novela hasta mediodía y el resto de la jornada hago mis cosas: leer, cocinar, tocar la guitarra, pasear...

- ¿Cómo es posible que todavía haya cuatro novelas inéditas suyas en castellano y catalán?

- Ésa es una pregunta para las editoriales. Ya estamos contratando algunas de ellas. Yo no abjuro de ellas, las defiendo completamente. No son novelas primerizas, The fieth of time (2000) es muy importante, contiene ya temas que me interesan mucho.

- ¿Qué escribe ahora?

- Un cuento de hadas dirigido al público juvenil, aunque lo podrán leer los adultos también, espero.

domingo, 21 de junio de 2009

¿Por qué nos gusta Millenium?

¿Por qué nos gusta Millenium, la trilogía de Stieg Larsson, si no es para tanto? En medio del pasmo por el fenómeno que se ha desencadenado en el último año y pico en torno al autor sueco y de la alegría al comprobar que por una vez la literatura emerge como noticia del fangal en que se ha convertido la actualidad, esta fiebre libresca tiene un análisis. Hasta una tesis.

No es frecuente que se vendan 200.000 ejemplares de un libro en un solo día, por mucho que ayude la campaña de marketing hábilmente tendida por la editorial, aunque tampoco es tan raro. Recordemos los lanzamientos planetarios de los harrypotters, que han llegado a comprarse en inglés en la calle Ancha de Cádiz. Otras novelas han alcanzado buenas cifras en tiempo récord, algunas nada fáciles, como Vida y destino, de Grossman. El último libro de Caballero Bonald, por ir al extremo de lo elitista, la poesía, va ya por la tercera edición. De modo que mi primera conclusión es que la literatura vende más de lo que parece, lo que pasa es que por una especie de convención social todo lo cultural -y los libros en especial- se ha convertido en un tabú, en un vicio oculto o hecho vergonzante. «¡Literatura!», le dijo con desprecio Arenas a Griñán en el debate de investidura con intención de desacreditar su discurso.

Pero frente a la cultura de masas, que impone lo light, lo fácil, lo intrascendente, la gente en su propia y privada vida sabe distinguir lo bueno y procurárselo. Escoge disfrutar y leer es un placer, se pongan como se pongan los popes de los media, que ya, dicho sea de paso, están en baja.

Sumergirse en una historia bien tramada, en un mundo reconstruido con precisión, en personajes definidos, es una de las mejores maneras de emplear el tiempo, aparte de otros muchos beneficios para la salud, mental sobre todo. Está claro y vale como punto de partida. Pero sigamos. ¿Por qué esta historia en concreto ha llegado a tantos lectores en todo el mundo?

Para mí que hay un doble motivo de género. Primero, femenino, porque la mayor parte de los lectores son lectoras y en Larsson hay una fuerte conciencia feminista, radical y directa, que conecta con amplios públicos sensibles a los problemas de la condición de la mujer. Su heroína, Lisbeth Salander, encarna un arquetipo con el que muchas pueden sentirse identificada, bien por su lado frágil, bien por emular su fortaleza.

La segunda cuestión sería de género, pero de tipo literario. La novela negra encierra un atávico deseo de resolver un enigma, un reto o un juego del que participa el lector, que se implica así de una manera añadida. Pero además contiene un ansia latente de poner orden en la realidad, de resolver las crisis y encontrar la paz, el equilibrio, la justicia. Que paguen los culpables. Aquí se añade, además, un trasfondo de rebeldía, de crítica implacable, incluso de ira, contra la hipocresía de la sociedad tan normal y civilizada.

Al tiempo, Larsson escribe con una pasión que traspasa el papel y contagia, hasta el punto de hacerse perdonar las debilidades de la trama o del estilo. El lector se convierte en amigo y cómplice, se deja llevar, se abandona en ese tiempo dulce en el que desaparece el mundo alrededor y sólo existe un paisaje de cuento -nieves, lagos, casas de madera, suecos altos y ricos- donde se vislumbra el mal en sus múltiples formas: la violencia contra las mujeres, los sórdidos secretos de familia, la corrupción política, la podredumbre bajo el estado del bienestar.

Larsson abre puertas a más libros, a más y mejores lecturas, que aguardan su momento y su destinatario. Una vida no da para todos, pero sólo por ellos merece la pena vivir.

James Meek ("Iniciamos nuestro descenso"): "La TV convierte a los occidentales en populacho ante la horca"

James Meek ("Iniciamos nuestro descenso"): "La TV convierte a los occidentales en populacho ante la horca" (César Coga - ideal.es)

El escritor inglés refleja en una novela su experiencia como corresponsal en Afganistán.

James Meek (Londres, 1962) ha trabajado varios años como corresponsal de guerra del diario 'The Guardian' en Afganistán y precisamente en torno a ese conflicto interminable y sin visos de solución gira su novela 'Iniciamos nuestro descenso' (Roca Editorial, serie Miscelánea). Un relato sin concesiones por parte de un autor que en esta su cuarta novela habla de lo que más conoce: guerras y periodismo.

-¿Ven los soldados y la población a los periodistas que cubren una guerra como integrantes de alguno de los bandos?

-La guerra tiene muchos participantes. No todos ellos son literalmente soldados. La única forma de no verse implicado en una es no estar donde se produce. E incluso así, se puede estar participando. Por la propia naturaleza de una guerra, como periodista estás siempre buscando protección de un lado o del otro.

-Astrid, una de las protagonistas de la novela, dice que los periodistas también se alistan. ¿Eso hace imposible la objetividad?

-¿Objetividad? La dificultad real es acordarse, cuando uno está en medio de una guerra, de que es una cosa producida por los hombres y no un desastre natural, como un huracán o un terremoto. Esto es lo que quiere decir Astrid; que al ser un 'corresponsal de guerra' has aceptado la guerra, independientemente de que informes de las acciones de un lado o del otro. La verdad es que realmente hay sólo dos lados en la guerra, la guerra y la paz, y el corresponsal de guerra, no importa cuáles sean sus motivos, no se encuentra más en el lado de la paz que los propios soldados.

-¿Ha cambiado la percepción de las guerras por parte de los occidentales desde que los conflictos 'se retransmiten' por televisión?

-Hay tres formas de responder a una ejecución pública. Ignorarla; asistir a ella, mirar y marcharse; o luchar, utilizando ciertos medios, para impedir que ocurra, o impedir que vuelva a ocurrir. Las noticias en la TV de zonas en conflicto son importantes y necesarias, pero para muchos telespectadores son un espectáculo más, un entretenimiento. La televisión convierte a millones de europeos y americanos en populacho ante la horca.

-¿Y los intentos de entender a la población local? ¿Verdaderamente es posible entender una guerra atendiendo exclusivamente a la marcha de la campaña bélica?

-No he conocido nunca a ningún periodista que no se dirija a los civiles. En mi libro, la escena principal en la que los periodistas aparecen haciendo su trabajo implica entrevistar a un civil cuya casa ha sido bombardeada y sus familiares han muerto o han resultado heridos.

-Los ojos de EE UU se están volviendo hacia Afganistán mientras empiezan a olvidarse de Irak. ¿Es el origen del problema del terrorismo global?

-No existe nada a la que se le pueda llamar 'terrorismo global'.

-Afganistán es un país sin Estado, donde grandes ejércitos de todas las épocas han fracasado. ¿Deben inmiscuirse los occidentales allí o sería mejor dejar que el país se organizara (o se sumiera en el caos) por sí mismo?

-Los problemas para los ejércitos occidentales son tantos que es difícil pensar en una razón para que permanezcan allí. Incluso con nuevas tropas, la OTAN no está allí para protegerse sin utilizar ataques aéreos que matan a cientos de civiles. De hecho, EE UU y Gran Bretaña están actuando como mercenarios que prestan apoyo a un Gobierno afgano corrupto e ineficaz. Cuando EE UU y Gran Bretaña ganan batallas, no tienen autoridad civil o personal civil para consolidar sus ganancias.

-Da la impresión de que Occidente no sabe muy bien qué hacer allí, cómo abordar el problema.

-No tengo ninguna simpatía por lo peor de los fundamentalistas islámicos y la odiosa adoración por la ignorancia que crece con fuerza en el Afganistán rural. Aunque son valientes y duros, y algunos se atienen a ciertos ideales, los desprecio por el asesinato de los maestros, por su odio y miedo a las mujeres y al arte, su glorificación de la violencia, su corrupción de los niños y de los jóvenes, su hipocresía, su arrogancia y su crueldad. Pero esa es la naturaleza de la larga guerra de Afganistán, desde los tiempos de la invasión soviética y antes: una guerra entre la ignorancia y la ilustración.

-¿Y cómo se combate en esa situación?

-Es una guerra que no puede hacerse sin pistolas y fusiles, pero que al mismo tiempo no puede hacerse sólo con pistolas y fusiles. Tampoco puede hacerse cuando se tiene una cultura (los americanos y los británicos) que usa sólo pistolas y fusiles, y otra, completamente diferente, aparentemente en el mismo lado -el Gobierno afgano- que es responsable de todo lo demás.

-En ese contexto, ¿arreglará algo del problema la llegada de nuevos contingentes occidentales?

-Ver a la OTAN en Afganistán es como ver a Rafa Nadal sacar en un partido. Golpea la pelota con gran potencia y precisión, pero desafortunadamente está jugando al tenis, mientras dos equipos de once personas están en el campo con él jugando al fútbol.

-¿Deberían retirarse, por tanto?

-Lo triste es que el final de la intervención occidental puede que no ayudara a Afganistán a acortar la guerra. Primero, décadas de conflicto y de predicación influida por los saudíes han exacerbado las diferencias entre el norte del país tayiko-hazara-uzbeko y el sur pastún: ya en realidad no es un país. Segundo, lo que va a conseguirse sin la intervención occidental es la intervención oriental: Pakistán, Irán, China, India y los países de Asia Central luchando, a través de sus representantes, en busca de influencia y recursos.

-¿Afganistán se parece más que a Irán a Vietnam, en el sentido de la dificultad de controlar el país?

-Afganistán no es como Irak. Afganistán no es como Vietnam. Afganistán es Afganistán.

-¿Puede la crisis económica mundial tener consecuencias en la evolución de conflictos como éste?

-Estoy seguro de que puede tenerla.



James Meek, en una imagen reciente.

jueves, 18 de junio de 2009

Ildefonso Falcones ("La mano de Fátima"): "Nadie cambia de religión por la fuerza"

Ildefonso Falcones ("La mano de Fátima"): "Nadie cambia de religión por la fuerza" (I. Esteban - lavozdigital.es)

Falcones retrata la vida doméstica y secreta de los moriscos en su nueva obra.

Con La catedral del mar rompió todas las previsiones. Ildefonso Falcones era un respetado abogado barcelonés y un perfecto desconocido en la literatura, que publicaba con discreción su primera novela en marzo de 2006. Pero el fenómeno se desbordó por todos los lados, hasta llegar a los cuatro millones de ejemplares vendidos en 40 países. El dogmatismo religioso y los caballos en la época imperial de España encuadran la nueva obra de Falcones, La mano de Fátima.

-Los moriscos comulgaban de misa pero luego escupían la forma sagrada. ¿No había modo de convencerles?

-Por más presiones que ejerciera el poder católico no fue capaz de arracarles sus creencias, que practicaban desde niños a escondidas, dentro de sus familias. Copiaban o imprimían el Corán a escondidas. Era algo necesario para mantener su religión.

-¿No cambiaban mediante la amenaza de la violencia?

-La perspectiva de los católicos fue en este aspecto bastante ingenua, porque no basta con bautizar y obligar la gente a cumplir unos ritos para convertirles de verdad a esa fe. Nadie cambia de religión por la fuerza.

-¿Por qué ha elegido Córdoba como contexto para su novela?

-Después de la guerra de las Alpujarras, los moriscos granadinos fueron dispersados por toda la península, y uno de los sitios más importantes en los que se asentaron fue Córdoba, y además fue allí donde Felipe II trató de criar una raza de caballos cortesanos, llamada la española, que además le salió bien.

-¿Cree que ahora se vuelve a la intolerancia religiosa que usted critica en esta obra?

-No creo que estemos en una época intolerante. Aparte de una serie de errores que ha podido cometer la jerarquía eclesiástica, yo creo que los españoles somos extremadamente tolerantes. Todos los grupos religiosos practican ahora su fe, aunque dentro de ellas pueda haber sus problemas. Es improbable que vuelva a pasar una cosa como la que ocurrió en el siglo XVI, aunque nunca se sabe. Las masacres nazis son relativamente recientes.

-¿Qué libro recomendaría sobre estos temas para el lector que quiera profundizar en ellos?

-Para empezar, yo citaría uno que me gusta mucho, Los moriscos del reino de Granada, de Julio Caro Baroja.

-Después del éxito La catedral del mar, ¿ha sentido la presión de tener que estar a la altura de las expectativas?

-No, no he sentido ningún tipo de presión, al menos trabajando, porque en caso contrario no habría disfrutado de la escritura. Llevo 30 años trabajando como abogado, y cuando a un cliente le ganas un pleito quiere que también le ganes el siguiente y el siguiente. Pero eso es imposible. Sólo puedes poner profesionalidad, trabajo y cariño y luego esperar que funcione.

-Usted confesó que la editorial le había reescrito La catedral del mar y ahora siempre se lo recuerdan.

-Nadie me reescribió la novela. Hay gente que incluso va diciendo que no la escribí yo. La obra pasó por un necesario proceso de editing, es decir, de correcciones y sugerencias que te hacen los editores y que tú las aceptas o no.

La editorial Tusquets, 40 años en la brecha

La editorial Tusquets, 40 años en la brecha (Rosa Mora - elpais.com)

Beatriz de Moura y Antonio López Lamadrid repasan la trayectoria de la editorial. En su catálogo conviven Kundera, Mankell y Almudena Grandes.


Beatriz de Moura y Antonio, Toni, López Lamadrid celebran los 40 años de Tusquets Ediciones y sus respectivos 70º cumpleaños. Y lo hacen sin nostalgia, aunque sin olvidar su historia y con los ojos muy abiertos puestos en el futuro. "Del futuro lo único jodido es la edad", dice López. Lo demás son proyectos e ilusión. Estos días les han preguntado hasta la saciedad si van a vender la editorial. No, aseguran. "La editorial nos sobrevivirá. Hemos formado un equipo buenísimo y luego tenemos las filiales de México y Argentina que, a nivel pequeño, están muy valoradas y funcionan bien", dice López. Están contentos también con los proyectos más próximos. El nuevo libro de Haruki Murakami, 1Q84, un homenaje a George Orwell, que en Japón ha aparecido en dos volúmenes. El escritor japonés ha sido una sorpresa tan agradable como en su día lo fue Milan Kundera. Empezó a publicarlo Anagrama pero lo dejó. Más tarde, al enterarse de que los derechos estaban libres, Tusquets se hizo con ellos. Los tres primeros (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Sputnik, mi amor y Al sur de la frontera, al oeste del sol) vendieron poco. Pero la cosa cambió a partir de Tokio blues.

El sueco Henning Mankell publicará una nueva novela, Un hombre inquieto, protagonizada por el policía Kurt Wallander. La tercera buena noticia de Tusquets es Almudena Grandes. La escritora está trabajando en una saga de seis novelas sobre la posguerra española que empezará a publicarse el próximo año. "Serán como unos episodios nacionales del siglo XX", ríe López.

Beatriz de Moura fundó Tusquets Editores en 1968 con su primer marido, el arquitecto Óscar Tusquets, en un piso de 70 metros cuadrados, con el equivalente a lo que hoy son 1.500 euros. En 1969, sacaron sus dos primeras colecciones, Marginales y Cuadernos Ínfimos. Durante el franquismo les prohibieron 25 títulos, les secuestraron uno y censuraron 21. En 1977, se incorporó Toni, procedente y aburrido de la industria textil.

Tusquets tiene un fondo de 2.300 títulos y publica 65 novedades al año. En su catálogo -han hecho una excelente edición para el 40º aniversario- está desde Groucho Marx a Ernst Jünger, Woody Allen, Leonardo Sciascia, John Irving, John Updike, Luis Landero, Leonardo Padura, Marguerite Duras, Cristina Fernández Cubas o Georges Simenon. Su registro es muy amplio:, narrativa, poesía, ensayo, memorias, bolsillo... Luis G. Berlanga creó en 1977 con De Moura La Sonrisa Vertical, de narrativa erótica. "Dentro de 100 años, cuando nadie se acuerde de Tusquets, todos recordarán a Berlanga", afirma De Moura.

-¿Cuál ha sido el libro más vendido?

-Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, en 1971, con900.000 ejemplares. Luego, La insoportable levedad del ser, de Kundera, 700.000 ejemplares.

-¿Y el que peor ha ido?

-Viaje a Cotiledonia, de Cristóbal Serra. Sólo 100 copias.

López y de Moura tienen una espina clavada: Jorge Semprún. "Es una de mis frustraciones. Es un escritor extraordinario, coherente con el siglo que le ha tocado vivir. Sus libros deberían venderse más", afirma Lamadrid. "Quizá se deba a que durante muchos años estuvo prohibido en España. Creo que los jóvenes empiezan a recuperarlo". Pase lo que pase, Tusquets seguirá publicando sus libros.

Un disgusto de otro tipo ha sido la marcha de Javier Cercas y de su Anatomía de un instante a otra editorial (Mondadori, del Grupo Random House). Prefieren no hablar de ello, pero le desean suerte.

-¿Qué ha sido lo mejor de estos 40 años?

Responde De Moura: "Lo mejor ha sido Toni, porque si no se hubiera comprometido con la sociedad en 1977 hoy no estaríamos aquí hablando de libros, de historia y de futuro".

-¿Y lo peor?

-Google. Sin comentarios.

López Lamadrid pide que se unan editores, escritores y agentes literarios para encarar juntos el futuro digital. ¿Es posible? "Es posible y necesario. Si no lo hacemos, será un mundo de Google. Lo primero es establecer las reglas de juego que aún no están hechas. Se tardará varios años. Es imprescindible un acuerdo global en la gestión de los derechos de autor". Tusquets, además de editorial, es agencia literaria. "Cuidamos mucho la relación con los autores", dice De Moura.

Las cosas casi nunca han sido fáciles para Tusquets. No lo fueron al principio, pero supieron luego evitar lo que el editor Giorgio Einaudi definía como "una peligrosa crisis de crecimiento". Les fue por los pelos. Entre 1995 y 2000 vieron años complicados y a punto estuvieron de naufragar. Primero vendieron el 40% de sus acciones al Grupo Planeta. No funcionó y en abril de 1998 las recompraron. En noviembre de ese año volvieron a caer en la tentación y vendieron el 50% a RBA. En 2000 salieron de ese grupo pies para qué os quiero. "Si hablamos de lo peor que nos ha pasado en estos 40 años debemos mencionar a algunas asociaciones empresariales nefastas", recuerda López. "Pero es de justicia decir que José Manuel Lara Bosch se portó como un señor cuando nos fuimos".De Moura está convencida de que en el futuro la industria editorial será "radicalmente distinta". "En 2050, hacer ficción será fácil y publicar en papel también, con tiradas ajustadas, mirando siempre la calidad, para librerías que serán como galerías de arte. Nos adaptaremos a las innovaciones manteniendo siempre, insisto, la calidad".

Y mientras preparan, con sus colaboradores, a Tusquets para ese futuro, abordan temas más inmediatos. Por ejemplo, Toni y Beatriz, esa recalcitrante pareja de hecho ni siquiera registrada, están ilusionados con casarse.



Beatriz de Moura y Antonio López Lamadrid